¿Ya he perdido la razón? Supongo que la mera existencia de esta autoreflexión indica que no.
Llevo años, días, o minutos, no sé, perdido en este caos que se ha convertido mi mundo. Como si hubiera amanecido convertido en una cucaracha en un mundo humano. O convertido en humano en un mundo de cucarachas. No sé dónde estoy pero sé que estoy.
La demencia se ha apoderado de mí. Ya no sé que digo ni que pienso, no controlo mis emociones ni soy capaz de actuar con respeto a la lógica y la coherencia. No sintáis pena por mí, y si lo hacéis, no lo hagáis por la locura que me roba la existencia, hacedlo por el hilo de cordura que aún me ata a la realidad, por esa mínima luz que aún me ilumina, me ciega y me hace comprender que me estoy volviendo loco sin remedio, como un enfermo terminal que sabe que se muere sin ningún tipo de remedio.
No quiero la cura, quiero morir del todo. Quiero que la irracionalidad me atropeye, quiero sentir la absurda felicidad del inconsciente, que mis neuronas se duerman del todo, se vacíen del mundo real y se llenen de opiácea psicodelia.
Pero aún queda esa unión a la realidad, aún veo cual es el camino marcado y soy capaz de verme a mí mismo saliéndome fuera de ese camino sin control, autocensurando mi comportamiento pero sin poder remediarlo, abandonado a una fuerza que me arrastra y me deja que sea consciente del proceso de arrastre.
Me vuelvo loco. Ojalá loco del todo. Aún no he perdido toda la razón, solo la justa para que duela.
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