miércoles, 1 de agosto de 2012

Avenida San Juan esquina con Tacuarí.

Cinco años más tarde miro a la misma luna que miraba aquella noche. Sigue en el mismo sitio, con el mimo brillo y a la misma altura, pero no le miran los mismos ojos.

Aquella luna prometía mucho, tanto que hacía imposible conciliar el sueño. Tanto prometía y sin embargo, luego la promesa quedó empequeñecida por lo que en verdad fue. Ni siquiera aquella luna podía prometer tanto como fue, solo una parte.

La noche siguiente, la que mañana cumple cinco años, la volví a mirar. Esta vez boca abajo, no yo, sino el mundo. Desde la otra punta. Acompañada por otras estrellas pero allí seguía, la misma luna.

Aquella luna me vio dividirme en dos. Observó como uno se iba y el otro se quedaba, y como nos despedíamos con un simple "volveré a por ti".

Aún me espero en la otra punta del mundo, mirando a aquella luna, a que vuelva a por mí. Aún espero, aquí, mirando esta luna, a volver a recogerme.

Nunca lo podré explicar del todo. Y menos aún conseguiré que alguien lo entienda. Solo sé que hoy miro la luna y me veo a mí mismo hace cinco años mirando por otra ventana, marcando una especie de punto de partida simbólico de un camino que todavía no se ha terminado.

Ni se terminará jamás.

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