lunes, 17 de septiembre de 2012
Si no es mucho pedir.
Un antro con buena música: rock psicodélico o el jazz eterno de Nueva Orleans. Una buena ginebra, de las que no matan al tragar. Una conversación interesante, que haga que no sea necesario estar vigilando el correr de las manecillas del reloj, que deje a un lado las frases prefabricadas y neutrales y se llene de pasión por el tema que sea. Un paseo con una mujer guapa por las calles silenciosas de la madrugada. Un beso en la puerta, de los que se dan con ganas, de los que se buscan y la mera satisfacción de encontrarlo ya te levantan los pies del suelo. Que amanezca mientras te metes en la cama.
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