Has hecho esto mil veces, lo sabes hacer y, sin perder la humildad, lo sabes hacer bien. Pero ahora, de pronto, todo se ha parado.
Mejor dicho, tú te has parado. Todo corre, deprisa, sin parar ni un instante, te atropella. Intentas moverte pero tu cuerpo no responde. Un bloqueo inexplicable te recorre de arriba a abajo y no te deja avanzar, no te deja ni siquiera echarte a un lado y evitar los empujones de la prisa de los acontecimientos.
Te caes. Te caes varias veces, y a cada tropezón te haces más pequeño e inmóvil. Te planteas si de verdad un día supiste andar, si de verdad sabías hacer esto bien.
Estás en el suelo y nadie se para a ayudarte. Está todo mojado y hace frío. No amanece.
No eres pequeño, ni débil, a lo mejor has tenido momentos de flaqueza pero, definitivamente, no es este uno de ellos. Sin embargo, estás ahogándote en un charco y no encuentras la fuerza para salir a flote.
No hay comentarios:
Publicar un comentario