No puedo con este sitio. Cada mañana cuando salgo a la calle es como si perdiera una batalla en la guerra más sanguinaria de todos los tiempos. Llega el autobús, que marca en la marquesina destino: calvario.Subo. Pago. Guardo la cartera y saco la desidia, y con ella me siento en el único asiento que queda vacío.
Así una y otra vez, hasta que la fuerza de la costumbre hace la resignación. Así hasta que, una mañana, se subió ella en la siguiente parada a la mía. Pasó por mi lado y por un instante hizo que mi mirada perdida se encontrara en su cara.
Cuando me quise dar cuenta ya se había perdido entre la multitud aplastada, que se toca pero no se mira, del fondo del autobús.
A la mañana siguiente volvió a subir. De nuevo en la parada siguiente a la mía. Iba seria, probablemente enfadada con su despertador, y acarreaba sus libros como el preso que lleva una bola de acero encadenada al pie. De nuevo pasó por mi lado como un fantasma y se volvió a perder.
Un día tras otro, siempre en la misma parada, allí estaba ella, subiendo en mi mismo autobús. Ignorando que yo existía.
Pasaron meses, y ya me sentaba buscando dejar un hueco libre. Que el destino y la gente te obligaran a sentarte a mi lado y, tal vez, a decirme hola. Ya no eras ella, eras tú.
Todas las mañanas al llegar a tu parada miraba nervioso la puerta y esperaba a que te subieras. Los días que no lo hacías volvía a verme en aquel autobús destino calvario, lleno de resignación en movimiento.
Ya te imaginaba acercándote a mí, diciéndome que me veías todas las mañanas, que te fijabas en mí como yo lo hacía en ti, pero que nunca te habías atrevido a decirme nada, porque, al final, nadie se saluda en el autobús destino calvario. Soñaba con tu presencia, con tu voz, me gustaba imaginarme tu vida, tu edad, tu nombre. Desvelar el misterio enorme de quién eras, y de cómo me liberabas de mi pesadumbre aunque solo fuera el tiempo en que tardabas en volverte a bajar, mucho antes que yo, de aquel autobús.
Llegó un día en el que ya no estabas en la parada.
Semanas corrieron una tras de otra y no te subiste ni una sola vez en aquel autobús. Ya meses han surcado el paso del tiempo y sigues sin haber estado esperando en la parada. Solo un día, entre la multitud, me pareció volver a ver tu pelo entre hombros y codos intentando bajar de aquel maldito autobús, pero no sé si eras tú o mis ganas de verte.
Supongo que aquí acaba todo. Te has perdido de nuevo por la ciudad. Solo espero que algún día, cuando el autobús pare en la siguiente parada a la mía, vuelvas a subirte, te sientes a mi lado y me digas que me has echado de menos.
Solo así las mañanas dejarán de ser otra estúpida mañana de autobús.
domingo, 17 de marzo de 2013
Otra estúpida mañana de autobús
viernes, 8 de febrero de 2013
Va telón
Os voy a contar la más grande cruzada que se pueda imaginar. (...) Todo es verdadero y ya usted lo comprobará.
Y es que hoy, aprovecho que va telón, para dejar salir un poco la mezcla de emociones que se me infunden en estos días. Va telón, digo, por última vez en el Falla, pero eso no deja de ser casi anecdótico. Lo importante es que va telón y sale la fiesta, mi fiesta, al escenario, durante dos semanas, y una más, y las que sean.
La noche de la final es una de esas noches que estaban marcadas en rojo antes de empezar el año. La noche que de niño disfrutaba por ser la única, junto con fin de año, que veía las horas largas de la madrugada, cuando la final era una fiesta y, como buena fiesta, acababa casi de día. En esa noche, cada año, tenía una batalla conmigo mismo y mi sueño, mientras mi madre terminaba el disfraz y en el Canal Sur repetía una y otra vez el anuncio del Covirán.
Recuerdo el año que unos ángeles caídos me cerraron los ojos. Y el año del disfraz de Darth Vader de la alcaldesa. Y también el que me desperté a lo justo para ver que era lo que decía mi mujé. Recuerdo unos indios arapahoe, unos locos que aquel año en el estribillo, no se comieron el coco, y una infinidad más de seres extraños que cantaban cosas por la tele mientras yo quería estar allí y no dormirme.
Y solo era el principio. Luego llegaba el domingo, el de la cabalgata, que es igual que la que vos tenés cerquita allá en Brasil, pero en vez de las mulatas y las negras va desfilando mi suegra bigotuda y jorobada. Aquella mañana era como la de reyes. El disfraz y a casa de la abuela. El disfraz, que me convirtió por un dia en vaquero, diablo, mosquetero, mago de novela, galo de leyenda o, incluso, en un poderoso jedi. Disfraces que siguen conmigo, y es que yo no guardo disfraces, yo guardo una vida entera. Y a casa de la abuela, con todos, a jugar, tirar papelillos y ver la cabalgata. Aquellos días de cabalgata darían para un blog entero así que resumiré en que me resulta imposible entrar en esa casa, asomarme por ese balcón con vistas a la cabalgata, y no vernos a todos de niños tirando papelillos y serpentinas.
El tiempo ha pasado, pero las sensaciones son las mismas. Ahora es el callejeo, las risas, los buenos amigos, que aparecen al doblar las esquinas, esos que ves de carnaval en carnaval y saludas como si fueran tus hermanos. Una letra, un estribillo "cuatro, tres, dos, uno, cero...a vé quien tiene cojone aquí de cerrá astilleros", el de la moto, como todos los años, el pito de caña, la caja y las claves, las ilegales...El paraíso.
Llevo toda mi vida enganchado a esto, como aquel que se crió entre tangos, pasodobles y cuplés, que pronto cumplirá noventaysái y está hasta el coño de carnaval, y nadie sabe, ni yo puedo explicar, lo que significa, lo que significaba de niño y lo que significa ahora.
Guardo con nostalgia aquellas finales eternas con agrupaciones que ya en aquel momento eran históricas, y ser un niño el domingo de cabalgata. Con nostalgia pero sin pena, que ya es carnaval, y ya escucho a los fantasmas susurrar que van a empezar.
Y ya me tengo que ir...porque ya es verdad que estoy aquí diciendo pamplinas.(...) Que se quede el que quiera, pero yo ya viá tirá p'arriba.
Y es que hoy, aprovecho que va telón, para dejar salir un poco la mezcla de emociones que se me infunden en estos días. Va telón, digo, por última vez en el Falla, pero eso no deja de ser casi anecdótico. Lo importante es que va telón y sale la fiesta, mi fiesta, al escenario, durante dos semanas, y una más, y las que sean.
La noche de la final es una de esas noches que estaban marcadas en rojo antes de empezar el año. La noche que de niño disfrutaba por ser la única, junto con fin de año, que veía las horas largas de la madrugada, cuando la final era una fiesta y, como buena fiesta, acababa casi de día. En esa noche, cada año, tenía una batalla conmigo mismo y mi sueño, mientras mi madre terminaba el disfraz y en el Canal Sur repetía una y otra vez el anuncio del Covirán.
Recuerdo el año que unos ángeles caídos me cerraron los ojos. Y el año del disfraz de Darth Vader de la alcaldesa. Y también el que me desperté a lo justo para ver que era lo que decía mi mujé. Recuerdo unos indios arapahoe, unos locos que aquel año en el estribillo, no se comieron el coco, y una infinidad más de seres extraños que cantaban cosas por la tele mientras yo quería estar allí y no dormirme.
Y solo era el principio. Luego llegaba el domingo, el de la cabalgata, que es igual que la que vos tenés cerquita allá en Brasil, pero en vez de las mulatas y las negras va desfilando mi suegra bigotuda y jorobada. Aquella mañana era como la de reyes. El disfraz y a casa de la abuela. El disfraz, que me convirtió por un dia en vaquero, diablo, mosquetero, mago de novela, galo de leyenda o, incluso, en un poderoso jedi. Disfraces que siguen conmigo, y es que yo no guardo disfraces, yo guardo una vida entera. Y a casa de la abuela, con todos, a jugar, tirar papelillos y ver la cabalgata. Aquellos días de cabalgata darían para un blog entero así que resumiré en que me resulta imposible entrar en esa casa, asomarme por ese balcón con vistas a la cabalgata, y no vernos a todos de niños tirando papelillos y serpentinas.
El tiempo ha pasado, pero las sensaciones son las mismas. Ahora es el callejeo, las risas, los buenos amigos, que aparecen al doblar las esquinas, esos que ves de carnaval en carnaval y saludas como si fueran tus hermanos. Una letra, un estribillo "cuatro, tres, dos, uno, cero...a vé quien tiene cojone aquí de cerrá astilleros", el de la moto, como todos los años, el pito de caña, la caja y las claves, las ilegales...El paraíso.
Llevo toda mi vida enganchado a esto, como aquel que se crió entre tangos, pasodobles y cuplés, que pronto cumplirá noventaysái y está hasta el coño de carnaval, y nadie sabe, ni yo puedo explicar, lo que significa, lo que significaba de niño y lo que significa ahora.
Guardo con nostalgia aquellas finales eternas con agrupaciones que ya en aquel momento eran históricas, y ser un niño el domingo de cabalgata. Con nostalgia pero sin pena, que ya es carnaval, y ya escucho a los fantasmas susurrar que van a empezar.
Y ya me tengo que ir...porque ya es verdad que estoy aquí diciendo pamplinas.(...) Que se quede el que quiera, pero yo ya viá tirá p'arriba.
lunes, 28 de enero de 2013
La famosa cosa. La que está fatal
He vuelto. Aunque en realidad nunca me fui.
Hoy, al menos desde donde escribo, es un día de esos en los que el invierno parece que se vuelve compasivo y te regala un día despejado con un sol radiante para que te alivie el frío de la época. Bajo este sol y este cielo azul, vuelvo a escribir, o a intentarlo.
Hoy no traigo historias. Mi mente no está para inventar ficciones completas, y traer pequeños retazos de historias nunca me ha sabido del todo bien.
Últimamente la realidad es tan aplastante que no es necesaria la ficción.
Me levanto y veo en la prensa o en la televisión como los que mandan siguen robando. Lo que en un principio parecía una pequeña mancha que ensuciaba todo el conjunto, día a día se descubre de que no es tan pequeña la mancha ni tan grande el conjunto limpio.
Nos gobiernan corruptos, cazadores de elefantes, estafadores, mafiosos, curas, militares y sinvergüenzas. Día a día este Estado del Bienestar, que, por cierto, nunca fue del todo del Bienestar, o no lo fue al menos de la manera completa que podía haberlo sido, lo es un poco menos.
Peligra la sanidad, la educación, la vivienda. Peligra el trabajo, peligra la nutrición, peligra la libertad de expresión y, en cuanto nos despistemos un poco, peligrarán los Derechos Humanos, si no lo hacen ya. Esto, que ya se dice hasta a la ligera, como el que recita las provincias de Andalucía o la tabla del cuatro, es muy serio. Es de una gravedad infinita, incluso haciéndolo poco a poco, como lo hacen, el daño está siendo terrible. Y esto solo es el comienzo, me temo.
Y hay culpables, con nombres y apellidos, no son una nebulosa difuminada, son caras reconocidas y, en un gran porcentaje, fichadas. Pero no importa, porque mandan. Y si van a juicio, salen impunes. Y si les condenan, les dan amnistías. Un trato de favor tras otro, de un lado y de otro, y todos a seguir mangando.
Me gustaría decir que lo hacen con astucia, sin posibilidad de que el pueblo se dé cuenta y reaccione, me gustaría decir que nos gobiernan unos maestros del pillaje y que ante eso nada es posible. Pero no, nos manejan una panda de incompetentes que ni siquiera sabe mentir bien. Sus mentiras son pilladas y desarmadas una, y otra y otra vez. ¿Entonces? ¿Por qué no caen los mentirosos como consecuencia de sus tan dañinos actos y mentiras?
Buena pregunta. El que tenga la respuesta, que me avise.
Hoy, al menos desde donde escribo, es un día de esos en los que el invierno parece que se vuelve compasivo y te regala un día despejado con un sol radiante para que te alivie el frío de la época. Bajo este sol y este cielo azul, vuelvo a escribir, o a intentarlo.
Hoy no traigo historias. Mi mente no está para inventar ficciones completas, y traer pequeños retazos de historias nunca me ha sabido del todo bien.
Últimamente la realidad es tan aplastante que no es necesaria la ficción.
Me levanto y veo en la prensa o en la televisión como los que mandan siguen robando. Lo que en un principio parecía una pequeña mancha que ensuciaba todo el conjunto, día a día se descubre de que no es tan pequeña la mancha ni tan grande el conjunto limpio.
Nos gobiernan corruptos, cazadores de elefantes, estafadores, mafiosos, curas, militares y sinvergüenzas. Día a día este Estado del Bienestar, que, por cierto, nunca fue del todo del Bienestar, o no lo fue al menos de la manera completa que podía haberlo sido, lo es un poco menos.
Peligra la sanidad, la educación, la vivienda. Peligra el trabajo, peligra la nutrición, peligra la libertad de expresión y, en cuanto nos despistemos un poco, peligrarán los Derechos Humanos, si no lo hacen ya. Esto, que ya se dice hasta a la ligera, como el que recita las provincias de Andalucía o la tabla del cuatro, es muy serio. Es de una gravedad infinita, incluso haciéndolo poco a poco, como lo hacen, el daño está siendo terrible. Y esto solo es el comienzo, me temo.
Y hay culpables, con nombres y apellidos, no son una nebulosa difuminada, son caras reconocidas y, en un gran porcentaje, fichadas. Pero no importa, porque mandan. Y si van a juicio, salen impunes. Y si les condenan, les dan amnistías. Un trato de favor tras otro, de un lado y de otro, y todos a seguir mangando.
Me gustaría decir que lo hacen con astucia, sin posibilidad de que el pueblo se dé cuenta y reaccione, me gustaría decir que nos gobiernan unos maestros del pillaje y que ante eso nada es posible. Pero no, nos manejan una panda de incompetentes que ni siquiera sabe mentir bien. Sus mentiras son pilladas y desarmadas una, y otra y otra vez. ¿Entonces? ¿Por qué no caen los mentirosos como consecuencia de sus tan dañinos actos y mentiras?
Buena pregunta. El que tenga la respuesta, que me avise.
martes, 20 de noviembre de 2012
Piedras contra balas
¿Cuánto tiempo han de pasar los palestinos sangrando para que alguna de las voces de peso del poderoso Occidente se levante y diga con contundencia: "basta". Cuánto.Más bombas, más cohetes, más sangre por las calles de esa prisión geográfica cada vez más reducida que algunos llaman Franja de Gaza. Y nadie dice nada.
Se nos cae el culo con la ONU, y con Obama. Ambos salvadores de todos, símbolos de progreso y paz. Estandartes de la Democracia y la Justicia, así, con mayúsculas. Sería conveniente en este punto reformular mi pregunta inicial: ¿cuánto tiempo ha de pasar para que se nos caiga la venda de los ojos?
Israel sigue asesinando, EEUU sigue bendiciendo los ataques y la ONU sigue sin hacer absolutamente nada, porque así fue diseñada, una máscara de democracia, igualdad y paz que solo es un patio de colegio para que EEUU legitime sus guerras por petróleo y poder. El derecho a veto es el eufemismo moderno de "yo hago y mato a quién me salga de los cojones por la razón que yo crea conveniente".
Y luego se alzan las voces, las de la opinión pública derechosa. El TDT party, que me parece un término horrible, horroroso y cutre pero puede valer para explicar esto. Salen diciendo que "hay muertos en los dos lados" y hacen una campaña macabra y vergonzosa: no se puede justificar a Israel, pero se puede recurrir a que los otros también son muy malos. Mentira, mentira y más mentira. No es una guerra entre iguales, ni siquiera es una guerra entre diferentes: es una masacre contínua, terrorismo de Estado, y otro calificativo es pura basura ambigua y eufemística.
Ese pueblo judío, sufrido y humillado por los nazis, del que todos sentimos compasión y lástima en las películas de la Segunda Guerra Mundial, ese mismo pueblo que sufrió un Holocausto, ahora hace lo mismo. No sé si llamarlo irónico, porque más bien es indignante.
Y como conclusión una reflexión en forma de varias: ¿Os llenaría de "esperanza" que Bin Laden ganara unas elecciones en su país? ¿Y qué os parecería si le hubieran dado un Nóbel de la Paz? Y, por último y no menos importante: ¿Quién tiene las manos más manchadas de sangre, Obama o Bin Laden?.
Libertad para Palestina. Ya.
domingo, 18 de noviembre de 2012
Palabras sobre palabras
Lo incómodo del silencio se rompe con lo aún más incomodo de la conversación enlatada. Típicos tópicos, frases hechas y resabidas, reinterpretadas mil veces y dichas en todos los tonos hasta la saciedad. Hablar por compromiso y no por deseo de hablar. Interés simulado, asentimiento a todo, no hay preguntas porque no interesan las respuestas. No hay retórica, porque la retórica es un coñazo recargado y para qué hablar si hay pantallas al rededor.
La buena conversación muere un poco cada día, todos tenemos que estar de acuerdo en todo y pobre de aquel que alce la voz, pues no será escuchado. No hay debates, ni discusiones, no es correcto, es aburrido.
Muere la poesía en la boca de aquel al que nadie quiere oir.
La buena conversación muere un poco cada día, todos tenemos que estar de acuerdo en todo y pobre de aquel que alce la voz, pues no será escuchado. No hay debates, ni discusiones, no es correcto, es aburrido.
Muere la poesía en la boca de aquel al que nadie quiere oir.
miércoles, 14 de noviembre de 2012
En crisis.
La libertad muere en la porra de un antidisturbio que apalea al pueblo por ser pueblo. El sentido común se difumina en un Estado en el que no hay para escuelas y hospitales pero hay para furgones blindados y pistolas de goma.
Me siento abatido. Es un nadar a contracorriente continuo intentar hacer ver lo evidente. Que así no, que es peor y que nos estamos metiendo en un pozo muy negro. Pero nada, no nos importa, total, hoy juega España. Ni acueductos, ni calzadas, ni el idioma ni las alcantarillas, el pan y circo es lo más importante del legado romano.
La corrupción empapa todos los estamentos de la vida, pero no la económica, que también, que es un charquito en comparación con el océano de falta de moralidad y principios. Vale todo, que nos mientan, que nos roben, que nos digan las mayores barbaridades. Reiros, reiros de nosotros, que seguiremos en nuestro sitio, haciendo que todo siga funcionando, que sigan engordando vuestras carteras y agrandando vuestros altares.
Hoy es día de huelga, y de huelga están mis ganas de creer que es posible. Solo nos quedará cantar que el pueblo vencido jamás estuvo unido.
Al final será verdad que la única solución es comprarse un barco y llamarlo Libertad.
Me siento abatido. Es un nadar a contracorriente continuo intentar hacer ver lo evidente. Que así no, que es peor y que nos estamos metiendo en un pozo muy negro. Pero nada, no nos importa, total, hoy juega España. Ni acueductos, ni calzadas, ni el idioma ni las alcantarillas, el pan y circo es lo más importante del legado romano.
La corrupción empapa todos los estamentos de la vida, pero no la económica, que también, que es un charquito en comparación con el océano de falta de moralidad y principios. Vale todo, que nos mientan, que nos roben, que nos digan las mayores barbaridades. Reiros, reiros de nosotros, que seguiremos en nuestro sitio, haciendo que todo siga funcionando, que sigan engordando vuestras carteras y agrandando vuestros altares.
Hoy es día de huelga, y de huelga están mis ganas de creer que es posible. Solo nos quedará cantar que el pueblo vencido jamás estuvo unido.
Al final será verdad que la única solución es comprarse un barco y llamarlo Libertad.
jueves, 1 de noviembre de 2012
Deseo.
Si pudiera pedir un deseo pido no salir en toda la noche de tu cama. Que te sorprenda el amanecer desnuda sobre mí. Que me des de desayunar tus besos.
Que la noche sea corta y larga a la vez. Que millones de impulsos nerviosos recorran tu cuerpo y el mío. Que tiembles y se estremezcan las paredes. Que arda la habitación en mitad del frío de la noche. Que me comas con los ojos y con tus besos. Que me aprietes fuerte contra ti y se me olviden las fronteras de nuestros cuerpos.
Quiero ver fuego en tus ojos mirándome. Ese es mi único deseo.
Que la noche sea corta y larga a la vez. Que millones de impulsos nerviosos recorran tu cuerpo y el mío. Que tiembles y se estremezcan las paredes. Que arda la habitación en mitad del frío de la noche. Que me comas con los ojos y con tus besos. Que me aprietes fuerte contra ti y se me olviden las fronteras de nuestros cuerpos.
Quiero ver fuego en tus ojos mirándome. Ese es mi único deseo.
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