La lluvia de Noviembre pegaba fuerte contra las ventanas.
En esas tardes en las que poco después de comer ya hay luz casi de noche y que la melodía de la lluvia no cesa ni un segundo, el cuerpo pide el abrigo de una buena manta y la comodidad de un sofá.
Así lo hizo, recogió los platos, se comió una manzana y se refugió bajo su manta de lana. A veces el cuerpo te pide invierno. Te pide poca luz, lluvia y frío, te pide que te resguardes en la calidez de una buena película a oscuras o al calor de un fuego crepitante.
En ese estado de relajación casi hipnótica que da el encontrar un remanso de calor y paz en un día frío, de pronto se vio a sí mismo.
Se vio muchos años antes, cuando apenas llegaba a los estantes altos de la cocina. Se vio tirado en sl suelo, con su pijama de invierno y sus calcetines de lana, rodeado de coches, muñecos y juguetes.
Avanzó lentamente hasta aquel niño, se agachó y le observó jugar.
Aquel niño usaba las cintas de vídeo para crear fortalezas, los cojines como cuevas y montañas, y los dibujos de la alfombra como carreteras llenas de aventura. Aquel niño jugaba con la melodía de la lluvia de Noviembre de fondo.
Pasaba de una historia a otra sin previo aviso. Surcaba los océanos en la piel de un pirata, competía en las carreras de coches más alocadas, surcaba el espacio a bordo de la mejor nave espacial e iba a la guerra más pacífica sin moverse de una baldosa en el suelo.
La lluvía caía con la misma velocidad que siempre, sin embargo para aquel niño la tarde duraba el doble, el triple, de lo normal. Mientras le miraba pensaba en como sus tardes apenas daban para hacer un par de cosas o tres, y aquel niño era capaz de llenar horas interminables de diversión.
De vez en cuando el cuerpo le pide invierno. Porque le gusta la poca luz, la lluvia y el frío. Le gusta la calidez de una película y el sonido de la leña en la chimenea. Y, sobre todo, su subconsciente aún le recuerda que fue capaz de burlarse del tiempo y alargarlo y aprovecharlo hasta puntos inimaginables.
Porque dicen que cuando te diviertes el tiempo pasa más rápido, pero en realidad, el tiempo solo pasa más rápido cuando te haces mayor.
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