sábado, 6 de octubre de 2012

La estrella de cine que fue asesinada por el actor de doblaje.

Hoy me apetece hablar, e inauguro de paso una nueva sección de Cine en este blog, de algo que para mí es fundamental pero que, sin embargo, no creo que para la generalidad de las personas lo sea.

Hablo del doblaje, voy a hablar del doblaje en cine pero mis palabras son extrapolables a la televisión, al teatro o a cualquier obra audiovisual interpretada o locutada.

En este país, España, tenemos cultura de traducir absolutamente todo lo que importamos de fuera, como consecuencia de esto tenemos una importante industria del doblaje de la que, además, solemos presumir. Bueno, matizo, creemos que es importante, realmente la profesión de actor de doblaje no está recogida como profesión en ningún documento oficial del Estado, pero esto es irnos por las ramas.

Bien, ¿dónde está el problema?. Entiendo que hay una parte de la población que entiende el cine como un método de ocio más, que no tiene ninguna preocupación por la téncnica, ni la estética, ni la iluminación ni la interpretación: solo quieren que les cuenten un cuento, a ser posible con imágenes bonitas y buenos efectos especiales. Esto, lo dejo desde ya bien claro, me parece perfectamente lícito, no es necesario ser Catedrático de Teoría de la Imagen para ir a ver una película con palomitas. Este perfil de público es el que responderá al tema del doblaje con un sonoro: "¡Qué coñazo leer en una película!".

En esta reflexión pretendo acabar con ese halo de tostón que tiene el cine en versión original y dar mis motivos de por qué es, no mejor, sino infinitamente mejor. Para ello me voy a saltar todo el aspecto relacionado con el beneficio del doblaje para aprender un idioma y la relación directa entre el doblaje masivo en España y lo mal que hablamos idiomas extranjeros, que daría para otro post entero.

En primer lugar, una película se inicia en un cuarto donde uno o más guionistas dan cuerpo a una idea. La escriben, y la escriben en su idioma natal. Escriben los díalogos, los chistes y los juegos de palabras, los dobles sentidos y las frases callejeras en su idioma natal. Cuando el director le pone su nombre a esta película es porque le da el visto bueno a ese guión escrito con esas palabras en ese idioma.

En segundo lugar, a la hora de interpretar un personaje, el actor juega con su rostro y sus gestos, pero también con su manera de hablar: altera su acento, modifica la voz (no es la misma voz de alguien alegre que de alguien enfadado), varía su tono, habla en varios idiomas e, incluso, canta.

Estos dos puntos son absolutamente destruídos en la sala de doblaje. En la hispanización de los guiones se cometen crímenes que, aunque los aceptemos como buenos, no lo son. ¿Quién ha escuchado por la jodida calle a algún jodido tío decir una jodida frase en la que dos de cada tres jodidas palabras es la palabra "jodido"? En inglés, sin embargo, es muy usual utilizar la palabra "fucking". Como esto pasa con millones de expresiones que si os paráis a pensarlo están metidas con calzador. Ejemplo claro son los chistes y las frases que, a veces, ni siquiera existen en la versión original y se meten en la doblada (me ahorro el juego de palabras), o los que se traducen y pierden todo el sentido.

Y es que cuando valoramos el guión de "El Padrino" viéndola en español no estamos valorando el excelente trabajo de Mario Puzo y Ford Coppola, estamos valorando una adaptación que hizo un traductor.

Este tema de guión por un lado, pero por el otro está el que a mí me parece más importante y criminal: la interpretación.

El que valora a un actor viéndolo doblado está valorando cine mudo. ¿En qué se basa? En sus gestos y movimientos. Sus entonaciones, su capacidad de imitar acentos, su manejo de la voz y el tono, sus pausas y susurros...todo eso lo está obviando, se lo está perdiendo. Yo diría que ver una película con un actor doblado es ver menos del 50% de su actuación real.

Luego hay otros aspectos que destruye el doblaje, como son las películas en las que se hablan varios idiomas, sobre todo cuando uno de ellos es el español. Si el inglés lo doblas al español, cuando hablan español ¿cómo lo haces?.

Otro punto negativo es la poca cantidad de actores de doblajes: es desesperante ver una película de mafiosos en la que el malo tiene la voz de Homer Simpson, e igualmente desquiciante ver dos películas de Johny Depp en las que no tiene la misma voz.

En definitiva, cada uno es libre de ver las películas como se quiera, pero una película no se puede valorar completamente si no se ve en versión original con unos subtítulos decentes (o sin subtítulos para los más expertos en idioma, cosa a la que yo aún no llego). Una película doblada no es más que una adaptación, las hay mejor adaptadas y peor adaptadas pero en mi opinión es en el original donde debe recaer la crítica.

Me alargo mucho y quiero acabar simplemente respondiendo a dos grandes tópicos a favor del doblaje:

1. Nadie tiene la voz mejor en español que la suya propia. Es muy típico decir que "Clint Eastwood mola más doblado que en versión original" es simple cuestión de acostumbrar el oído y asociar una cara a una voz, por eso las eternas batallas entre latinos y castellanos por quien disfruta más de la voz de los dibujitos nunca tendrán vencedor.

2. Es completamente posible leer subtítulos y ver la imagen a la vez. Y con la costumbre se vuelve cada vez más fácil, el problema es que no sale a la primera y dejamos de intentarlo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario