Esta tarde juega el Cádiz. Nuestro Cádiz. Se juega el ascenso a 2ª División, una vez más.
Bien es cierto que he abandonado el sagrado ritual de ir al campo todos los domingos y animarlo hasta volver sin voz. Lo he hecho por total desacuerdo con los que dirigen lo que para muchos es un equipo de fútbol y para ellos un simple negocio que tiene que dar beneficios y riqueza. Mi ética, si lo queréis llamar así, me impide seguir entrando en ese bucle de consumo que alimenta a lo que, a mi modo de ver, no es sino un grupo de mangantes bien vestidos.
También es cierto que en los últimos casi dos años me he distanciado un poco y que ya no queda en la plantilla ninguno de mis ídolos, ninguno de los que me hacían vibrar cada dos semanas.
Pero no es cierto que haya dejado de sentir. Ese escudo sigue significando para mí todo lo que siempre ha significado. Son alegrías y penas deportivas, pero es mucho más, son amigos, viajes, borracheras, anécdotas, risas, abrazos, conversaciones, discusiones e, incluso, una relación, una novia.
Todo eso está ahí. Siempre estará ahí, no se borra. Puede que el deporte me dé más igual que nunca. Puede que no vaya al Carranza. Puede que cada día me dé más asco todo lo que gira en torno al fútbol. Pero eso no me hace olvidar los grandes momentos, así que hoy, por mí, y por todas las buenas personas que sé que encuentran en esto mucho más que una manera de pasar los domingos, hay que ganar. Hay que subir. Porque somos el auténtico submarino amarillo, y los submarinos bajan, pero también suben.
Cantaremos todos unidos, alzaremos fuerte la voz, para que solo se escuche aquello de...
No hay comentarios:
Publicar un comentario