No hay tranquilidad como la que da el mar. Por mucho ruido, viento, lluvia o molestias que pueda haber en la superficie, el solo gesto de zambullirte las borra todas en un instante.
El ruído se convierte en el leve susurro del mar meciéndose con melódica parsimonia. El viento se para y cualquiera que sea la condición meteorológica de la superficie ahora ya da igual. Ya todo es paz y bienestar.
Que tus problemas y pensamientos inquietos se vayan con la marea, que se pierdan, como el sol al atardecer, tras su infinito horizonte.
Algún día no muy lejano me faltará la tranquilidad salada que solo el mar sabe dar y, entonces, será cuando me dé realmente cuenta de la majestuosa joya que ha estado cuidando de mí durante todo este tiempo.
"¿Por qué me trajiste, padre, a la ciudad? ¿Por qué me desenterraste del mar?". Rafael Alberti.

genial!!! tiene usted una pluma exquisita amigo
ResponderEliminarpd: entiendase lo de la pluma, por dios!!