Me ducho. El cuerpo me huele a gel el tiempo justo que tardo en secarme las gotas de agua caliente del cuerpo. Me pongo el pijama. El de invierno, el calentito. Huele a ti.
Doy las buenas noches en casa. Me meto en la cama. La almohada huele a las noches que pasó allí tu cara.
Me tapo con la manta que utilizas para resguardarte del frío mientras te acurrucas a mi lado. Me duermo sin tus besos, pero con tu olor.
Me despierto de madrugada y busco en el filo de la cama tu espalda desnuda para rodearla con mis brazos, no hay colchón más suave que tu cuerpo ni refugio más abrigado que el mío, pero no lo encuentro.
Pasa la noche y me despierto sin tu mirada. Sin tu "que guapo estás cuando te acabas de despertar". Sin tus besos.
Pasa el día y ya solo quiero verte, darte un beso. No voy a contarte que me pasé la noche durmiendo abrazado al recuerdo de tu cuerpo, pero lo vas a saber, siempre lo sabes. Voy a contar contigo los segundos que faltan para que vuelvas a dejar tu perfume impregnado en mi cama, en mi ropa, en mi cuerpo, en mi mente y en mí.
Ojalá que sean pocos.
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