Y es que una semana en la que te vas a disfrutar de la familia, esa que no tiene genes ni apellidos en común contigo pero son familia por méritos propios, de la buena compañía, de las risas, del sol si se puede, de grandes comidas, grandes en calidad y cantidad, noches de juegos y películas, paseos, paisajes maravillosos, de la tranquilidad, del aislamiento y la relajación más absoluta del mundanal ruido del día a día, una semana así no se puede llamar de otra manera que Santa.
Por mucho que el año te mortifique y te golpee día a día en esta semana cierran todas las heridas y se recargan las energías sobradamente. Realmente, el domingo te sientes resucitado.
Segundo cuplé. No se puede decir más con menos.
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