jueves, 26 de diciembre de 2013

Creo que me he roto

Has vuelto al cadillac. Has vuelto a la ladera del Tibidabo. Has vuelto, y no querías hacerlo, pero aquí estás, como si no hubiera pasado el tiempo, de la mano de todos tus viejos fantasmas.


martes, 9 de julio de 2013

Un fracaso anunciado

Se dio cuenta una noche, tras apagar la luz y quedarse a solas con sus pensamientos, de hasta donde había entrado ella en su vida. Lo meditó, y un segundo antes de cerrar los ojos sobre su almohada se dijo a sí mismo un premonitorio: "cuidado".

Cuántas noches posteriores pasó maldiciéndose por no haberlo tenido.

domingo, 7 de julio de 2013

Recordar para retornar



Y allí estábamos, apretujados en un viejo taxi en el puente sobre el río Paraná, que marca la frontera entre Argentina y Paraguay. Cosas de la ultraseguridad y del (ridículo) protocolo fronterizo nos hicieron prolongar nuestra estancia en aquel puente durante horas. Las dificultades que pone el poderoso ante la entrada de los vecinos pobres.

La estancia fue larga, que no pesada. Mientras miraba por la ventanilla veía perderse en el horizonte el río y el sol, mientras escuchaba al bárbaro taxista contar una anécdota tras otra mientras disfrutaba de una de sus carreras más divertidas, sin duda. Cualquiera de los presentes debemos esbozar una sonrisa al recordar aquel trayecto, corto en distancia y eterno en tiempo, probablemente el mejor atasco de nuestras vidas.

Y todo esto para decir que, con los debidos ingredientes, hasta un atasco de horas se puede convertir en símbolo de un tiempo feliz, en uno de esos recuerdos que se repiten hasta la saciedad en un vano intento de volver allí. A aquel taxi, a aquel puente, con aquella gente, que siguen existiendo pero que ya no son las mismas.

domingo, 5 de mayo de 2013

No venden helados en la cima del mundo

Estoy sentado en mi enorme escritorio de caoba, de espaldas a una enorme cristalera tras la que se alza Nueva York, en mi despacho, en lo más alto de la ciudad. Supongo que es a esto a lo que llaman estar en la cima del mundo. No ha sido fácil llegar aquí arriba, pero el hecho es que aquí estoy, con más poder y prestigio del que jamás habría imaginado.

Estaba escribiendo el informe del mes de Abril. Entre números, estadísticas y nombres he dejado volar un poco mi cabeza y sin darme cuenta he acabado escribiéndote este email.

Hace años que no sabemos nada el uno del otro y probablemente me creas en una nube de triunfalismo cuando me ves en la portada de algún periódico. Seguramente no crees que me acuerde de ti, o a lo mejor eres tú la que no lo hace, no me las quiero dar de nada. El caso es que a veces cierro los ojos y pienso en ti.

Igual piensas que no es más que un acto de dramatismo, o que quería escribir poesía y no sabía que historia contar. No estoy de broma ni pretendo nada con esto, ni tan siquiera sé si le voy a dar a enviar.

Tengo clavada en la mente la imagen de la carne de gallina que asomaba en tus pechos cuando te acariciaba la pierna. Clavada, porque huí de aquello, porque me fui en busca del éxito y te dejé desnuda sin darte tiempo a decirme "quédate". En realidad, si aún piensas en mí, es muy probable (y respetable) que me odies.

Nunca lo he dicho en voz alta, ni a nadie, supongo que por miedo a reconocer así mi error o a que alguien me dijera "la cagaste", aunque aquí nadie me habla con la claridad y sinceridad con que lo hacíais vosotros, inconvenientes del poder, nunca lo he dicho en voz alta, decía, pero te echo de menos.

No voy a ser falso, ni hipócrita, ni una especie de personaje de cuento infantil con moraleja de que más vale amor que dinero, pero cometí un gran error el día que cerré aquella puerta tras de mí. Al principio fui feliz, no te eché de menos ni me costó irme, te soy sincero, ahora aquellos sentimientos me producen vergüenza propia.

No pretendo tu perdón, ni que corras a mis brazos. Soy consciente de que no te perdí, te eché de mi vida de una patada. Tampoco quiero que me creas, pero lo cierto es que cambiaría todo lo que tengo por volver a estar tumbado al sol una mañana entera junto a ti. Al final, solo soy un pobre idiota que confundió radicalmente el significado de la palabra "éxito".

No respondas si no quieres.

domingo, 17 de marzo de 2013

Otra estúpida mañana de autobús

No puedo con este sitio. Cada mañana cuando salgo a la calle es como si perdiera una batalla en la guerra más sanguinaria de todos los tiempos. Llega el autobús, que marca en la marquesina destino: calvario.Subo. Pago. Guardo la cartera y saco la desidia, y con ella me siento en el único asiento que queda vacío.

Así una y otra vez, hasta que la fuerza de la costumbre hace la resignación. Así hasta que, una mañana, se subió ella en la siguiente parada a la mía. Pasó por mi lado y por un instante hizo que mi mirada perdida se encontrara en su cara.

Cuando me quise dar cuenta ya se había perdido entre la multitud aplastada, que se toca pero no se mira, del fondo del autobús.

A la mañana siguiente volvió a subir. De nuevo en la parada siguiente a la mía. Iba seria, probablemente enfadada con su despertador, y acarreaba sus libros como el preso que lleva una bola de acero encadenada al pie. De nuevo pasó por mi lado como un fantasma y se volvió a perder.

Un día tras otro, siempre en la misma parada, allí estaba ella, subiendo en mi mismo autobús. Ignorando que yo existía.

Pasaron meses, y ya me sentaba buscando dejar un hueco libre. Que el destino y la gente te obligaran a sentarte a mi lado y, tal vez, a decirme hola. Ya no eras ella, eras tú.

Todas las mañanas al llegar a tu parada miraba nervioso la puerta y esperaba a que te subieras. Los días que no lo hacías volvía a verme en aquel autobús destino calvario, lleno de resignación en movimiento.

Ya te imaginaba acercándote a mí, diciéndome que me veías todas las mañanas, que te fijabas en mí como yo lo hacía en ti, pero que nunca te habías atrevido a decirme nada, porque, al final, nadie se saluda en el autobús destino calvario. Soñaba con tu presencia, con tu voz, me gustaba imaginarme tu vida, tu edad, tu nombre. Desvelar el misterio enorme de quién eras, y de cómo me liberabas de mi pesadumbre aunque solo fuera el tiempo en que tardabas en volverte a bajar, mucho antes que yo, de aquel autobús.

Llegó un día en el que ya no estabas en la parada.

Semanas corrieron una tras de otra y no te subiste ni una sola vez en aquel autobús. Ya meses han surcado el paso del tiempo y sigues sin haber estado esperando en la parada. Solo un día, entre la multitud, me pareció volver a ver tu pelo entre hombros y codos intentando bajar de aquel maldito autobús, pero no sé si eras tú o mis ganas de verte.

Supongo que aquí acaba todo. Te has perdido de nuevo por la ciudad. Solo espero que algún día, cuando el autobús pare en la siguiente parada a la mía, vuelvas a subirte, te sientes a mi lado y me digas que me has echado de menos.

Solo así las mañanas dejarán de ser otra estúpida mañana de autobús.

viernes, 8 de febrero de 2013

Va telón

Os voy a contar la más grande cruzada que se pueda imaginar. (...) Todo es verdadero y ya usted lo comprobará.

Y es que hoy, aprovecho que va telón, para dejar salir un poco la mezcla de emociones que se me infunden en estos días. Va telón, digo, por última vez en el Falla, pero eso no deja de ser casi anecdótico. Lo importante es que va telón y sale la fiesta, mi fiesta, al escenario, durante dos semanas, y una más, y las que sean.

La noche de la final es una de esas noches que estaban marcadas en rojo antes de empezar el año. La noche que de niño disfrutaba por ser la única, junto con fin de año, que veía las horas largas de la madrugada, cuando la final era una fiesta y, como buena fiesta, acababa casi de día. En esa noche, cada año, tenía una batalla conmigo mismo y mi sueño, mientras mi madre terminaba el disfraz y en el Canal Sur repetía una y otra vez el anuncio del Covirán.

Recuerdo el año que unos ángeles caídos me cerraron los ojos. Y el año del disfraz de Darth Vader de la alcaldesa. Y también el que me desperté a lo justo para ver que era lo que decía mi mujé. Recuerdo unos indios arapahoe,  unos locos que aquel año en el estribillo, no se comieron el coco, y una infinidad más de seres extraños que cantaban cosas por la tele mientras yo quería estar allí y no dormirme.

Y solo era el principio. Luego llegaba el domingo, el de la cabalgata, que es igual que la que vos tenés cerquita allá en Brasil, pero en vez de las mulatas y las negras va desfilando mi suegra bigotuda y jorobada. Aquella mañana era como la de reyes. El disfraz y a casa de la abuela. El disfraz, que me convirtió por un dia en vaquero, diablo, mosquetero, mago de novela, galo de leyenda o, incluso, en un poderoso jedi. Disfraces que siguen conmigo, y es que yo no guardo disfraces, yo guardo una vida entera. Y a casa de la abuela, con todos, a jugar, tirar papelillos y ver la cabalgata. Aquellos días de cabalgata darían para un blog entero así que resumiré en que me resulta imposible entrar en esa casa, asomarme por ese balcón con vistas a la cabalgata, y no vernos a todos de niños tirando papelillos y serpentinas.

El tiempo ha pasado, pero las sensaciones son las mismas. Ahora es el callejeo, las risas, los buenos amigos, que aparecen al doblar las esquinas, esos que ves de carnaval en carnaval y saludas como si fueran tus hermanos. Una letra, un estribillo "cuatro, tres, dos, uno, cero...a vé quien tiene cojone aquí de cerrá astilleros", el de la moto, como todos los años, el pito de caña, la caja y las claves, las ilegales...El paraíso.

Llevo toda mi vida enganchado a esto, como aquel que se crió entre tangos, pasodobles y cuplés, que pronto cumplirá noventaysái y está hasta el coño de carnaval, y nadie sabe, ni yo puedo explicar, lo que significa, lo que significaba de niño y lo que significa ahora.

Guardo con nostalgia aquellas finales eternas con agrupaciones que ya en aquel momento eran históricas, y ser un niño el domingo de cabalgata. Con nostalgia pero sin pena, que ya es carnaval, y ya escucho a los fantasmas susurrar que van a empezar.

Y ya me tengo que ir...porque ya es verdad que estoy aquí diciendo pamplinas.(...) Que se quede el que quiera, pero yo ya viá tirá p'arriba.


lunes, 28 de enero de 2013

La famosa cosa. La que está fatal

He vuelto. Aunque en realidad nunca me fui.

Hoy, al menos desde donde escribo, es un día de esos en los que el invierno parece que se vuelve compasivo y te regala un día despejado con un sol radiante para que te alivie el frío de la época. Bajo este sol y este cielo azul, vuelvo a escribir, o a intentarlo.

Hoy no traigo historias. Mi mente no está para inventar ficciones completas, y traer pequeños retazos de historias nunca me ha sabido del todo bien.

Últimamente la realidad es tan aplastante que no es necesaria la ficción.
Me levanto y veo en la prensa o en la televisión como los que mandan siguen robando. Lo que en un principio parecía una pequeña mancha que ensuciaba todo el conjunto, día a día se descubre de que no es tan pequeña la mancha ni tan grande el conjunto limpio.

Nos gobiernan corruptos, cazadores de elefantes, estafadores, mafiosos, curas, militares y sinvergüenzas. Día a día este Estado del Bienestar, que, por cierto, nunca fue del todo del Bienestar, o no lo fue al menos de la manera completa que podía haberlo sido, lo es un poco menos.

Peligra la sanidad, la educación, la vivienda. Peligra el trabajo, peligra la nutrición, peligra la libertad de expresión y, en cuanto nos despistemos un poco, peligrarán los Derechos Humanos, si no lo hacen ya. Esto, que ya se dice hasta a la ligera, como el que recita las provincias de Andalucía o la tabla del cuatro, es muy serio. Es de una gravedad infinita, incluso haciéndolo poco a poco, como lo hacen, el daño está siendo terrible. Y esto solo es el comienzo, me temo.

Y hay culpables, con nombres y apellidos, no son una nebulosa difuminada, son caras reconocidas y, en un gran porcentaje, fichadas. Pero no importa, porque mandan. Y si van a juicio, salen impunes. Y si  les condenan, les dan amnistías. Un trato de favor tras otro, de un lado y de otro, y todos a seguir mangando.

Me gustaría decir que lo hacen con astucia, sin posibilidad de que el pueblo se dé cuenta y reaccione, me gustaría decir que nos gobiernan unos maestros del pillaje y que ante eso nada es posible. Pero no, nos manejan una panda de incompetentes que ni siquiera sabe mentir bien. Sus mentiras son pilladas y desarmadas una, y otra y otra vez. ¿Entonces? ¿Por qué no caen los mentirosos como consecuencia de sus tan dañinos actos y mentiras?

Buena pregunta. El que tenga la respuesta, que me avise.

martes, 20 de noviembre de 2012

Piedras contra balas


¿Cuánto tiempo han de pasar los palestinos sangrando para que alguna de las voces de peso del poderoso Occidente se levante y diga con contundencia: "basta". Cuánto.

Más bombas, más cohetes, más sangre por las calles de esa prisión geográfica cada vez más reducida que algunos llaman Franja de Gaza. Y nadie dice nada.

Se nos cae el culo con la ONU, y con Obama. Ambos salvadores de todos, símbolos de progreso y paz. Estandartes de la Democracia y la Justicia, así, con mayúsculas. Sería conveniente en este punto reformular mi pregunta inicial: ¿cuánto tiempo ha de pasar para que se nos caiga la venda de los ojos?

Israel sigue asesinando, EEUU sigue bendiciendo los ataques y la ONU sigue sin hacer absolutamente nada, porque así fue diseñada, una máscara de democracia, igualdad y paz que solo es un patio de colegio para que EEUU legitime sus guerras por petróleo y poder. El derecho a veto es el eufemismo moderno de "yo hago y mato a quién me salga de los cojones por la razón que yo crea conveniente".

Y luego se alzan las voces, las de la opinión pública derechosa. El TDT party, que me parece un término horrible, horroroso y cutre pero puede valer para explicar esto. Salen diciendo que "hay muertos en los dos lados" y hacen una campaña macabra y vergonzosa: no se puede justificar a Israel, pero se puede recurrir a que los otros también son muy malos. Mentira, mentira y más mentira. No es una guerra entre iguales, ni siquiera es una guerra entre diferentes: es una masacre contínua, terrorismo de Estado, y otro calificativo es pura basura ambigua y eufemística.

Ese pueblo judío, sufrido y humillado por los nazis, del que todos sentimos compasión y lástima en las películas de la Segunda Guerra Mundial, ese mismo pueblo que sufrió un Holocausto, ahora hace lo mismo. No sé si llamarlo irónico, porque más bien es indignante.

Y como conclusión una reflexión en forma de varias: ¿Os llenaría de "esperanza" que Bin Laden ganara unas elecciones en su país? ¿Y qué os parecería si le hubieran dado un Nóbel de la Paz? Y, por último y no menos importante: ¿Quién tiene las manos más manchadas de sangre, Obama o Bin Laden?.


Libertad para Palestina. Ya.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Palabras sobre palabras

Lo incómodo del silencio se rompe con lo aún más incomodo de la conversación enlatada. Típicos tópicos, frases hechas y resabidas, reinterpretadas mil veces y dichas en todos los tonos hasta la saciedad. Hablar por compromiso y no por deseo de hablar. Interés simulado, asentimiento a todo, no hay preguntas porque no interesan las respuestas. No hay retórica, porque la retórica es un coñazo recargado y para qué hablar si hay pantallas al rededor.

La buena conversación muere un poco cada día, todos tenemos que estar de acuerdo en todo y pobre de aquel que alce la voz, pues no será escuchado. No hay debates, ni discusiones, no es correcto, es aburrido.

Muere la poesía en la boca de aquel al que nadie quiere oir.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

En crisis.

La libertad muere en la porra de un antidisturbio que apalea al pueblo por ser pueblo. El sentido común se difumina en un Estado en el que no hay para escuelas y hospitales pero hay para furgones blindados y pistolas de goma.

Me siento abatido. Es un nadar a contracorriente continuo intentar hacer ver lo evidente. Que así no, que es peor y que nos estamos metiendo en un pozo muy negro. Pero nada, no nos importa, total, hoy juega España. Ni acueductos, ni calzadas, ni el idioma ni las alcantarillas, el pan y circo es lo más importante del legado romano.

La corrupción empapa todos los estamentos de la vida, pero no la económica, que también, que es un charquito en comparación con el océano de falta de moralidad y principios. Vale todo, que nos mientan, que nos roben, que nos digan las mayores barbaridades. Reiros, reiros de nosotros, que seguiremos en nuestro sitio, haciendo que todo siga funcionando, que sigan engordando vuestras carteras y agrandando vuestros altares.

Hoy es día de huelga, y de huelga están mis ganas de creer que es posible. Solo nos quedará cantar que el pueblo vencido jamás estuvo unido.

Al final será verdad que la única solución es comprarse un barco y llamarlo Libertad.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Deseo.

Si pudiera pedir un deseo pido no salir en toda la noche de tu cama. Que te sorprenda el amanecer desnuda sobre mí. Que me des de desayunar tus besos.

Que la noche sea corta y larga a la vez. Que millones de impulsos nerviosos recorran tu cuerpo y el mío. Que tiembles y se estremezcan las paredes. Que arda la habitación en mitad del frío de la noche. Que me comas con los ojos y con tus besos. Que me aprietes fuerte contra ti y se me olviden las fronteras de nuestros cuerpos.

Quiero ver fuego en tus ojos mirándome. Ese es mi único deseo.

martes, 30 de octubre de 2012

Pensamientos de frío y lluvia.

A quién no le puede gustar una fría y lluviosa tarde de otoño. La luz tenúe y sombría, que se oscurece poco a poco mientras el agua golpea suave, y luego fuerte, y luego suave otra vez, los cristales cerrados que nos resguardan del cielo nublado.

En el refugio de una manta, de un buen libro o de nuestra película favorita. Tiempo de silencio y soledad en compañía. Queda permitida la melancolía hasta su justo límite con la tristeza.

Huele a chimenea y a castañas asadas. A navidad que se acerca.

El paisaje evoca a las ciudades de cuento del norte de Europa, cubiertas de una nieve que parece haber sido colocada cuidadosamente, en vez de esparcida al azar por la naturaleza.

Todos dicen que los días grises son negativos pero, ¿a quién puede no gustarle esto?.

miércoles, 24 de octubre de 2012

(Des)conexione (senti)mentales.

Los cristales lloran. Las fachadas se convierten en arroyuelos verticales que van a parar al mar de la acera. Las luces del horizonte se difuminan entre un fino telón de gotas de lluvia.

Aquí no llueve. Ni hace frío. Faltas. Pero no puedo tenerte siempre, aunque siempre te tengo.

Estoy cansado. No estoy triste, todo lo contrario, solo un toque de la melancolía propia de un día lluvioso de otoño.

No quiero decir nada en concreto, pero, lo que quiero decir, es que te echo de menos, a la vez que me alegro de que estés aquí conmigo.

Mi calendario no marca el día en el que no estés aquí. Mi reloj no concibe ese momento.

Supongo que lo que quiero decir es que te quiero.

lunes, 22 de octubre de 2012

Buenas noches.

Me ducho. El cuerpo me huele a gel el tiempo justo que tardo en secarme las gotas de agua caliente del cuerpo. Me pongo el pijama. El de invierno, el calentito. Huele a ti.

Doy las buenas noches en casa. Me meto en la cama. La almohada huele a las noches que pasó allí tu cara.

Me tapo con la manta que utilizas para resguardarte del frío mientras te acurrucas a mi lado. Me duermo sin tus besos, pero con tu olor.

Me despierto de madrugada y busco en el filo de la cama tu espalda desnuda para rodearla con mis brazos, no hay colchón más suave que tu cuerpo ni refugio más abrigado que el mío, pero no lo encuentro.

Pasa la noche y me despierto sin tu mirada. Sin tu "que guapo estás cuando te acabas de despertar". Sin tus besos.

Pasa el día y ya solo quiero verte, darte un beso. No voy a contarte que me pasé la noche durmiendo abrazado al recuerdo de tu cuerpo, pero lo vas a saber, siempre lo sabes. Voy a contar contigo los segundos que faltan para que vuelvas a dejar tu perfume impregnado en mi cama, en mi ropa, en mi cuerpo, en mi mente y en mí.

Ojalá que sean pocos.

sábado, 13 de octubre de 2012

Reflexión en Fa menor.

Música. Música que te mece. Notas que te emocionan. Un violín, una guitarra eléctrica, un piano, un cello, un contrabajo, un saxofón. Una melodía, una letra, una cadencia. Un estribillo. Un solo.

Que no deje de sonar. Que no pare nunca. Las tristes, las alegres, las rápidas, las lentas, las clásicas, las independientes, las comerciales, las rehivindicativas, las bonitas. Que no se permita el silencio más que como otra nota más en la partitura.

Que sigamos teniendo una buena banda sonora en la película de nuestra vida.

sábado, 6 de octubre de 2012

La estrella de cine que fue asesinada por el actor de doblaje.

Hoy me apetece hablar, e inauguro de paso una nueva sección de Cine en este blog, de algo que para mí es fundamental pero que, sin embargo, no creo que para la generalidad de las personas lo sea.

Hablo del doblaje, voy a hablar del doblaje en cine pero mis palabras son extrapolables a la televisión, al teatro o a cualquier obra audiovisual interpretada o locutada.

En este país, España, tenemos cultura de traducir absolutamente todo lo que importamos de fuera, como consecuencia de esto tenemos una importante industria del doblaje de la que, además, solemos presumir. Bueno, matizo, creemos que es importante, realmente la profesión de actor de doblaje no está recogida como profesión en ningún documento oficial del Estado, pero esto es irnos por las ramas.

Bien, ¿dónde está el problema?. Entiendo que hay una parte de la población que entiende el cine como un método de ocio más, que no tiene ninguna preocupación por la téncnica, ni la estética, ni la iluminación ni la interpretación: solo quieren que les cuenten un cuento, a ser posible con imágenes bonitas y buenos efectos especiales. Esto, lo dejo desde ya bien claro, me parece perfectamente lícito, no es necesario ser Catedrático de Teoría de la Imagen para ir a ver una película con palomitas. Este perfil de público es el que responderá al tema del doblaje con un sonoro: "¡Qué coñazo leer en una película!".

En esta reflexión pretendo acabar con ese halo de tostón que tiene el cine en versión original y dar mis motivos de por qué es, no mejor, sino infinitamente mejor. Para ello me voy a saltar todo el aspecto relacionado con el beneficio del doblaje para aprender un idioma y la relación directa entre el doblaje masivo en España y lo mal que hablamos idiomas extranjeros, que daría para otro post entero.

En primer lugar, una película se inicia en un cuarto donde uno o más guionistas dan cuerpo a una idea. La escriben, y la escriben en su idioma natal. Escriben los díalogos, los chistes y los juegos de palabras, los dobles sentidos y las frases callejeras en su idioma natal. Cuando el director le pone su nombre a esta película es porque le da el visto bueno a ese guión escrito con esas palabras en ese idioma.

En segundo lugar, a la hora de interpretar un personaje, el actor juega con su rostro y sus gestos, pero también con su manera de hablar: altera su acento, modifica la voz (no es la misma voz de alguien alegre que de alguien enfadado), varía su tono, habla en varios idiomas e, incluso, canta.

Estos dos puntos son absolutamente destruídos en la sala de doblaje. En la hispanización de los guiones se cometen crímenes que, aunque los aceptemos como buenos, no lo son. ¿Quién ha escuchado por la jodida calle a algún jodido tío decir una jodida frase en la que dos de cada tres jodidas palabras es la palabra "jodido"? En inglés, sin embargo, es muy usual utilizar la palabra "fucking". Como esto pasa con millones de expresiones que si os paráis a pensarlo están metidas con calzador. Ejemplo claro son los chistes y las frases que, a veces, ni siquiera existen en la versión original y se meten en la doblada (me ahorro el juego de palabras), o los que se traducen y pierden todo el sentido.

Y es que cuando valoramos el guión de "El Padrino" viéndola en español no estamos valorando el excelente trabajo de Mario Puzo y Ford Coppola, estamos valorando una adaptación que hizo un traductor.

Este tema de guión por un lado, pero por el otro está el que a mí me parece más importante y criminal: la interpretación.

El que valora a un actor viéndolo doblado está valorando cine mudo. ¿En qué se basa? En sus gestos y movimientos. Sus entonaciones, su capacidad de imitar acentos, su manejo de la voz y el tono, sus pausas y susurros...todo eso lo está obviando, se lo está perdiendo. Yo diría que ver una película con un actor doblado es ver menos del 50% de su actuación real.

Luego hay otros aspectos que destruye el doblaje, como son las películas en las que se hablan varios idiomas, sobre todo cuando uno de ellos es el español. Si el inglés lo doblas al español, cuando hablan español ¿cómo lo haces?.

Otro punto negativo es la poca cantidad de actores de doblajes: es desesperante ver una película de mafiosos en la que el malo tiene la voz de Homer Simpson, e igualmente desquiciante ver dos películas de Johny Depp en las que no tiene la misma voz.

En definitiva, cada uno es libre de ver las películas como se quiera, pero una película no se puede valorar completamente si no se ve en versión original con unos subtítulos decentes (o sin subtítulos para los más expertos en idioma, cosa a la que yo aún no llego). Una película doblada no es más que una adaptación, las hay mejor adaptadas y peor adaptadas pero en mi opinión es en el original donde debe recaer la crítica.

Me alargo mucho y quiero acabar simplemente respondiendo a dos grandes tópicos a favor del doblaje:

1. Nadie tiene la voz mejor en español que la suya propia. Es muy típico decir que "Clint Eastwood mola más doblado que en versión original" es simple cuestión de acostumbrar el oído y asociar una cara a una voz, por eso las eternas batallas entre latinos y castellanos por quien disfruta más de la voz de los dibujitos nunca tendrán vencedor.

2. Es completamente posible leer subtítulos y ver la imagen a la vez. Y con la costumbre se vuelve cada vez más fácil, el problema es que no sale a la primera y dejamos de intentarlo.


miércoles, 26 de septiembre de 2012

No amanece.

Algo ha pasado.

Has hecho esto mil veces, lo sabes hacer y, sin perder la humildad, lo sabes hacer bien. Pero ahora, de pronto, todo se ha parado.

Mejor dicho, tú te has parado. Todo corre, deprisa, sin parar ni un instante, te atropella. Intentas moverte pero tu cuerpo no responde. Un bloqueo inexplicable te recorre de arriba a abajo y no te deja avanzar, no te deja ni siquiera echarte a un lado y evitar los empujones de la prisa de los acontecimientos.

Te caes. Te caes varias veces, y a cada tropezón te haces más pequeño e inmóvil. Te planteas si de verdad un día supiste andar, si de verdad sabías hacer esto bien.

Estás en el suelo y nadie se para a ayudarte. Está todo mojado y hace frío. No amanece.

No eres pequeño, ni débil, a lo mejor has tenido momentos de flaqueza pero, definitivamente, no es este uno de ellos. Sin embargo, estás ahogándote en un charco y no encuentras la fuerza para salir a flote.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Primera tarde de domingo.

Se ha puesto el sol.

Cuando vuelva a salir ya nada será lo mismo.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Si no es mucho pedir.

Un antro con buena música: rock psicodélico o el jazz eterno de Nueva Orleans. Una buena ginebra, de las que no matan al tragar. Una conversación interesante, que haga que no sea necesario estar vigilando el correr de las manecillas del reloj, que deje a un lado las frases prefabricadas y neutrales y se llene de pasión por el tema que sea. Un paseo con una mujer guapa por las calles silenciosas de la madrugada. Un beso en la puerta, de los que se dan con ganas, de los que se buscan y la mera satisfacción de encontrarlo ya te levantan los pies del suelo. Que amanezca mientras te metes en la cama.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Otro estúpido cuento de deseos incumplidos.

- Ey, hola.
- Hola, cuanto tiempo.
- Demasiado.
- ¿Qué tal? ¿Todo bien? ¿Sigues saliendo con tu novio?
- Sí, todo perfecto, llevamos ya cinco años juntos.
- Guau, si que ha pasado el tiempo.
- ¿Y tú?
- Yo sigo igual. Sigo trabajando en lo mismo y con María las cosas cada vez mejor.
- Me alegro.
- ...¿Por qué ha pasado tanto tiempo?
- No lo sé. Digamos que nos distanciamos. Todo el mundo se distancia.
- Pasamos del todo a la nada en un par de días.
- Me encantaría que volvieramos a ser todo...
- Y a mí. ¿es demasiado tarde?
- Creo que no. Me tengo que ir. ¿Me acompañas a casa y hablamos por el camino?
- Como en los viejos tiempos.

Empezaron a recorrer un largo camino que los dos habían recorrido infinidad de veces mucho tiempo atrás. Hablaron de trivialidades intentando recuperar una confianza sepultada bajo años de indiferencia y silencio mientras el camino les traía a ambos a la mente recuerdos cargados de significado, de nostalgia, con un cierto aire de clandestinidad, sentimientos que no podían ser dichos en voz alta pero eran gritados a los cuatro vientos por el silencio de las miradas.

- Ya hemos llegado. Consideremos este camino y esta charla como una vuelta a la normalidad, ¿vale?

Hubo un silencio. Largo. Pero no llegó a ser incómodo, de pronto, él lo rompió.

- La última vez que estuve aquí contigo me moría de ganas de besarte. Y sé que no fui el único de los dos que sintió ese impulso.

Otro silencio. De nuevo no incómodo, más bien necesario. Ella se extrañó al oir esas palabras, por el mero hecho de oírlas, no porque le sonaran desconocidas, ni raras.

- Lo sé. Y es verdad. Durante todas aquellas noches, durante todo el tiempo que veníamos recorriendo el camino solo esperaba que pasara algo, no sé bien el qué, pero algo que nos empujara a besarnos, sin pensar en nada más, y que el amanecer lo borrara todo. Pero luego atacaba la conciencia, no podía ser, estaba mal, no sería justo para las personas que nos quieren y están ahí día a día, así que subía a casa y me repetía a mi misma que había hecho lo correcto, hasta que te volvía a ver y se me apagaba la conciencia y se me activaba la pasión.

- Ha pasado mucho tiempo y nunca he dejado de pensar en ti.
- ¿Estás enamorado?
- No, no es amor. Amo a María. Pero no puedo evitar mirarte y recordar aquellos años, aquellas miradas y aquel deseo retenido a la fuerza. Supongo que todo es nostalgia.
- Voy a subir, voy a decirme a mí misma que es lo correcto y cuando te vuelva a ver desearé hacerte el amor, pero no lo haré. Es lo mejor.